Acabar

Tema sensible y complicado si los hay. Para algunos es solo el nombre de un bar donde conseguir mesa es más complicado que conseguir novio. Pero para nosotras, esa palabra significa mucho más.

Una es la reina de la mentira cuando un hombre le pregunta: ¿ya vas a acabar?, pero entre nosotras, sabemos que llegar a ese punto no es nada fácil. En una charla de amigas, cuando se llega al tópico del sexo, todas se recorren con la mirada, buscando alguna aliada que le de confianza para preguntar: Chicas, ¿alguna tuvo ya un orgasmo? Y ahí el silencio se hace presente (no por mucho tiempo, no nos olvidemos que somos minas), hasta que la primer valiente se anima y cuenta que nunca lo tuvo. A partir de ese momento, todas nos relajamos, respiramos profundo, y nos damos cuenta que no somos las únicas anormales en el universo que nunca tuvieron un orgasmo.

Ahora la pregunta del millón es la siguiente: ¿Cómo corno nos damos cuenta si tuvimos un orgasmo? Cuando le preguntas a esas mujeres que parecen taaaaaaaan experimentadas, siempre vas a tener la misma respuesta: “cuando lo tengas, te vas a dar cuenta”. ¿PERO CÓMO SE HACE PARA TENER UNO?

Algunos dicen que para lograrlo, tenemos que estar relajadas, sin pensar en nada, con la mente totalmente desconectada del cuerpo. Claro, como si fuera tan fácil. ¿Me van a decir que no piensan: lo estaré haciendo bien, se me verá muy gorda desde ahí, ¡mis piernas no dan más!? Otros también dicen que nos tenemos que soltar, o sea, que dejemos salir a nuestra perra interior (grrr).

También está el famoso FINGIDO. Si hombres, acéptenlo, hay mujeres que fingen. ¿Por qué? Porque de ustedes no lograr que la mujer tenga un orgasmo, su ego machista se les caería al suelo, y lo difícil que es cuando actúan bajo la presión de saber que no logran llevar a su chica al clímax. Así que entiéndalo, es por su propio bien.

Por lo pronto, mujeres, lo único que se me ocurre, es que sigamos el consejo de una amiga que una vez me dijo: “¡hasta que no lo tengas, no pares!”.

Como conocer hombres (parte I)

El chat (dedicado a mi queridísima D.K.)

¿Quién no ha conocido algún susodicho por internet? Vamos, no me mientan que no se salva ninguna.

Hoy en día es la forma más común de hacerlo. ¿Por qué? Porque no estamos tan expuestas, podemos mentir cuanto queramos sin culpas. Podemos decir que somos igualitas a Pamela Anderson y que tenemos más delantera que La Luli. Que somos rubias, morochas o pelirrojas y que tenemos el color de ojos que siempre quisimos tener, pero nuestros genes nos negaron.

Pero warning, no hay que olvidar que no solo nosotras mentimos. Ellos también hacen de las suyas, y no vale enamorarse ciegamente del primer Brad Pitt que aparezca.

Al momento de mandar la foto, el photoshop es nuestro mejor amigo, y quien sabe los collages que llegamos a armar para quedar parecidas a lo que le habíamos dicho que éramos.

Cuando ya llevamos un tiempo de chateo, y entramos más en confianza, nos animamos a pasarnos los teléfonos. Primero vienen los mensajitos de texto, hasta que llega el punto que querés conocerle la voz a ese BOMBONAZO llamado Mr. XXL. Acá pueden pasar dos cosas, o en el instante en que le escuchas decir tu nombre solo querés decir equivocado, o que te den más ganas de tirártele encima.

Si la situación es la primera, le decís que se equivocó de número, e inmediatamente lo eliminas de la lista de contactos, sin olvidarte de cliquear en el no admitir, para que no te recrimine el que le hayas pasado otro número de teléfono (aunque él no sepa que era el verdadero) y no gastar más tiempo en él.

Si por el contrario, al escucharle la voz, tenés que correr al baño, no hay que perder la compostura, ya que podríamos causar en él, la misma reacción que el que dejamos de admitir causó en nosotras. Ya más calmadas, proseguimos a conversar con la voz más sexy que tenemos, pero sin dejar de lado el personaje que armamos en el chat.

Si luego de varias horas y varios billetes gastados en llamadas telefónicas, decidimos que es momento de encontrarnos, hay que, poco a poco, ir bajando las expectativas de lo que el otro va a pretender encontrar. Por ejemplo, si le dijimos que nuestro cuerpo es muy parecido al de Pampita, y caemos con unos 40 kilos más que ella, es probable que no nos reconozca, pero si en cambio, le dijimos que éramos rubias platinadas, y caemos con un castaño, es mucho más fácil de resolver, con tan solo decirle: “me cansé de escuchar que las rubias son todas huecas”.

El primer encuentro es definitivo. Ahí es cuando decidís si vale la pena seguir en el juego y conocerse, o mejor pedimos la cuenta rápido.

Pero más allá de un buen o mal encuentro, lo importante es aflojarse, relajarse. Es un prueba y error. Nadie espera encontrar el amor en el primer contacto, ni en el segundo, tercero, cuarto, pero quien dice en el quinto, con toda la experiencia de las citas por chat, aparece nuestro George Clooney a salvarnos del mal de la tierra.

Entonces, ¿Qué esperan? A chatear se ha dicho!!!!