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Los hombres no saben mantener un garche, y esto es una realidad.
Previo al suceso, no paran de cortejarnos, de llenarnos de piropos y cumplidos, de hacernos parecer todo salido de un cuento de hadas, y cuando ya cansadas (o deseosas) decidimos concretar el hecho, la situación cambia.
Dejan de hablarnos, se tornan fríos como el hielo, y hasta hacen que no nos conocen. Quizá tienen miedo de que si siguen hablándonos como lo venían haciendo, nosotras caigamos enamoradas a sus pies, rogándoles por su amor. Pero vamos muchachos, si los dos sabemos que eso fue pura y exclusivamente, una liberación de hormonas que tanto esperaban salir.
Sépanlo hombres, para conservar bien un “garche”, hay que mantener las cosas siempre en una temperatura tibia, por que pasar del super hot a la ley seca, no es nada recomendable. Si las reglas del juego están claras para los dos desde un principio, no hay necesidad de cortarle el chorro a la manguera, y ponerle un fin innecesario a esos encuentros cuasi clandestinos de entretenimiento sano.
¿Acaso ustedes pueden entretenerse con cuanta chica quieran sin compromisos y nosotras no? ¿Por qué? Nosotras tenemos tantas necesidades como ustedes. Es cierto que pájaro que comió voló, pero después vuelve a tener hambre, y ¿no es mejor comer en un plato donde ya saben lo que les gusta?
Y nosotras, mientras estemos en la larga búsqueda de nuestro príncipe azul, ¿qué les parece si jugamos un poco con la paleta de colores?
La realidad es que cuando nos sentimos solos, todo lo demás empieza a afectarnos también. Nos molesta nuestro trabajo, nuestro físico, nuestra ropa, nuestro cuarto, la forma en la que los demás nos refriegan por la cara (aunque así no lo sea) lo bien que están con sus parejas, cualquier cosa que nos haga recordar que estamos solos.
Pero ¿cuál es la solución a esto? Y no me digan: buscarse un novio. Porque no es así de sencillo. Incluso hay gente que estando en pareja se siente sola, pero no es este el caso del que hablamos, así que continuemos….
No siempre la sensación de soledad viene por el lado de una pareja, pero puede decirse que en su mayoría sí. Pero nuevamente me pregunto: como responder a esta necesidad de cariño??? ¿Vamos al shopping y nos elegimos un lindo muchacho, de rasgos exóticos, un cuerpo esculpido por el propio Da Vinci y una cabellera digna de ser peinada por Roberto Giordano? Ojalá fuera tan fácil!
Ahí es cuando todo nos irrita. Cuando decimos que en nuestro entorno ya no hay nada que valga la pena, donde nos miramos al espejo y no nos gusta lo que vemos, y justificamos la elección del resto de no elegirnos, y hasta tal punto nos irritamos, que las parejas que siempre festejamos y celebramos de que estén juntas, nos aborrecen, sentimos que solo se jactan de estar juntos delante nuestro para hacernos sufrir. Y ahí mis amigas, ahí entramos en un terreno feo, muuuy feo.
Se pone feo porque además de toda esa sensación de soledad, nos empezamos a aislar de nuestros amigos. Esos amigos que están en pareja y que tanto queremos, pero que el solo hecho de verlos caminar de la mano, nos da ganas de meternos en la cama con el jogging más roto a comer chocolates y no salir por el resto de nuestros días.
Y no queda otra que amputar. Si; amputás esa pareja de amigos de tu entorno, y vas a amputar cuanta cosa te haga mal, hasta que te des cuenta de que en lugar de amputar al resto, tenés que aprender a convivir con ellos, y amputar esa sensación de soledad de adentro tuyo. Entonces es ahí cuando ves un poquito de luz al final del túnel. Y te empezás a ocupar de vos. ¿No te gusta la imagen que ves de vos en el espejo? Te pones a dieta, vas al gimnasio. ¿No te gusta tu ropa? Te vas al shopping y te gastas medio sueldo en ropa nueva y la otra mitad en un cambio de look. Un nuevo corte de pelo, un nuevo color, cualquier cosa que sientas que te hace más atractiva. Porque la realidad, es que a la única persona a la que esos cambios le afectan de manera considerable, es a vos.
Y cuando vos te sientas más atractiva, vas a empezar a levantarte de la cama, a sacarte el jogging agujereado, a cambiar los chocolates por barritas de cereal, y quien dice, hasta a conseguir una pareja a la que le encante ponerse pantalones agujereados para meterse en la cama a comer chocolates y mirar la tele.