¡A jugar!

Hace poco hablé sobre Manuelita, y eso nos recordaba mucho a nuestra niñez. Hoy también voy a hablar acerca de algo que puede remitirnos a la niñez, pero que lejos está de serlo.

Me refiero a los chiches, pero no al clásico rasty, Playmovil o Barbie de los chicos, sino a los chiches de adultos (no, no hablo de la PlayStation... hombres!). Hablo de los chiches más íntimos, esos que muchas veces uno tiene escondido en el lugar más recóndito de la habitación, para que nadie lo encuentre. Ese chiche que tiene un switch on-off y que ¡bendito sea cuando se enciende!!!

Algunas los prefieren para usar solas, otras, más atrevidas, los usan para condimentar la pareja. De todos modos, hay que ser realistas y reconocer que cada vez son más las mujeres que, guiadas por la curiosidad, el placer, o la insatisfacción, van llenando sus cajones de chiches. De colores, tamaños, movimientos y formas diferentes, estos juguetes van ganando terreno y muchos de ellos, han relegado a los hombres a un segundo lugar.

Pero muchachas, yo me pregunto, ¿y si los turnamos? no sea cosa que se nos quede sin pila el chiche y el muchacho se haya ofendido.

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